El Infierno en la Tundra
Toda historia tiene un inicio, algunas más duras que otras, yo vivo aquí, en este paraíso helado al que llamamos Northern Island, la principal isla de nuestra nación, el reino del Archipiélago Norte, las ciudades aquí son hermosas, vivimos en paz, la gente es trabajadora, y se podría decir a simple vista que es todo un paraíso en un páramo helado, pero realmente las cosas no son lo que pintan, también hay problemas internos, como cuando los Piratas del Norte atacan nuestras embarcaciones, o los bandidos que se ocultan en nuestros inmensos bosques, aunque comparado a nuestro verdadero problema, eso no es nada.
El verdadero problema comienza el 27 de Marzo del año 2001 D.R. (Después del Renacimiento), cuando el Rey Jörd Eirse muere por razones desconocidas, se dice que los del Circulo Real sabían realmente las causas de su muerte, mas nunca las revelaron, tardaron varios días en tomar una decisión, aparentemente tampoco había heredero al trono, puesto que la pequeña hija del Rey, la Princesa Freyja Eirse, de tan solo 5 años, había desaparecido cuando la transportaban hacia uno de los palacios de la corona, entonces solo quedaba el hermano menor del Rey, Rosso Eirse, quien se impuso como Rey, aun cuando los de la corte real no lo aprobaban, y además lo hizo con un régimen totalitario, lanzo sus tropas, compuestas por los militares que lo apoyaban a acabar con todo aquel que se le opusiera, y especialmente con los que tuviesen los “especiales” con el poder para derrotarlo, fue el golpe más fuerte a nuestra nación.
La isla se volvió un verdadero infierno, un infierno en la tundra, pero así es la guerra, no discrimina y daña a todo el que pueda, yo tan solo era un niño, tenía apenas 6 años, era 8 de Abril, en la mañana, solo recuerdo que me encontraba jugando, en una de las colinas a orillas de Breeze City con otros niños, cuyos nombres no puedo recordar pero específicamente uno de ellos me llamaría la atención recordar, el cual me dijo que no fuese cobarde y subiera más alto en la colina, así que por el me decidí a subir un poco mas y seguimos jugando con bolas de nieve, repentinamente entre todo eso nos percatamos de que algo se avecinaba, cuando comenzaron a sonar explosiones y disparos a lo lejos, algo malo pasaba en la ciudad, nuestra familia estaba allí, cuando pensé en eso me asuste mucho y para empeorar las cosas algo enorme había salido de entre una montaña enorme de nieve, su salida causo una gigantesca avalancha que sepulto a más de la mitad de la ciudad, y a mi junto a ella, esa cosa era un reptil gigante de más de 20 Metros de altura, al parecer era controlado por el Ejército Imperial de Rosso y eso fue lo último que vi, la nieve sepultándome y separándome de todo y todos, aquella bestia acabo con la ciudad entera al igual que el Ejército Imperial se apoderó de la capital, el reino estaba cayendo en pedazos.
Nunca sabemos que hacer o pensar en momentos así, si arrinconarnos a temblar o simplemente tirarnos a llorar, todo lo que viste en una vida cambia por solo una acción, todo se deforma por efecto de la voluntad negativa de una persona a la que ni siquiera conoces, cuando me levante de entre la nieve no entendía por qué seguía vivo, creí que la avalancha me mataría, pero ahora si estaba solo, y probablemente los niños con quienes estaba si habían, muerto ¿Habrá sido un milagro? Pensé. Aun así sería en vano, estaba solo, lo único que veía era la mitad de una enorme ciudad sepultada bajo la nieve, solo los edificios sobresalían de entre la nieve, algunos a punto de caer, al escuchar el sonido del rugido de aquella bestia en la lejanía, sabía que si me quedaba cerca de la ciudad me mataría, tuve un impulso instintivo de salir corriendo de allí, y corrí lo más rápido que pude a través de un camino ya algo abandonado donde pasaban vehículos ligeros hace años y los animales de carga, lo hice hasta cansarme, luego me iba adentrando un poco en el bosque y comencé a caminar un poco, no sabía si quiera a donde iba, me asustaba el sonido de los animales del bosque pero aun así seguí caminando en línea recta, cuando llevaba más de cuatro horas caminando sin parar, estaba hambriento, desorientado y cansado, así que me senté abrazando mis piernas a llorar, junto a una vieja señal en el camino que ya se estaba cayendo y para empeorar la situación comenzaba una fuerte ventisca, entre la nieve no podía ver nada y comenzaba a escuchar muchos sonidos, primero los aullidos de unos lobos que luego se alejaban y luego unos pasos, pensé que si la tormenta no me mataba, lo que sea que se acercara lo haría, pero tenía tanto frío que no pude reaccionar, así que deje que se acercara a mí, me asuste al ver su silueta entre la tormenta, pero era solo un anciano, con una túnica su cabello era tan largo que no permitía que se le vieran bien los ojos y tenía una gran barba, parecía muy simpático, llevaba un bastón e iba junto a un burro de carga que llevaba suministros, se acerco a mí y me habló.
¿Oye joven, que haces por aquí en un día tan frío como este? ¿Te has perdido? – Me preguntó.
Se-señor, e-estoy perdido y-y no te-tengo a do-donde ir, a-ayúdeme. – Dije titubeando por el frío y llorando al final.
Jajá – Carcajeo el anciano un poco – Es obvio que no voy a dejar que te congeles en esta tormenta, sería inhumano. – Dijo en un tono chistoso y extendió su mano hacia mí, para que me levantara.
Gra-gracias – Respondí sonriendo un poco tras tomar su mano y levantarme.
El anciano me dio una manta, para que me abrigara un poco mientras caminaba, pasamos cerca de dos horas caminando, cuando llegamos a su hogar ya era de noche, el lugar era como un enorme dojo, muy espacioso, pero no estaba solo, también estaba una linda niña de más o menos mi edad, de cabello blanco y ojos azules con un kimono que al parecer le quedaba algo grande, se podría deducir que seguro el anciano se lo dio y un adolescente hiperactivo de cabello y ojos café que vestía una camisa sin mangas roja y pantalones cortos blancos, que tenia mas pinta de recogido del caos que había allá fuera, había una gran chimenea en el lugar, cuando vi más gente me comencé a sentir un poco más a gusto, pero no por ello deje de estar triste por lo que me paso, al parecer ellos también fueron rescatados, mucha gente al parecer había perdido a sus familias y sus hogares cuando comenzó el ataque Imperial, yo no quería decir nada de mí, aunque el anciano me dijo su nombre, Atsuya Snowstorm, nos dio de comer y me acosté en la cama de una de las habitaciones del dojo, por lo que hable con el anciano al parecer ese dojo estuvo vacio por años, el maestro estaba retirado, pero pensaba que podría ayudar dando espacio a gente que lo necesitara en su casa, al escuchar eso me pareció genial.
Así fueron pasando unos días y llegaba más gente, no solo niños y jóvenes, incluso algunos adultos que quedaron sin sus hogares y estaban solos, algunos estaban con algún miembro de su familia, yo me sentía mal, pero pensaba que podría estar peor, así que intente adaptarme, y así sucedió, aislado del caos, y aislado de muchos problemas, iniciando una nueva vida, pero por más que lo intentemos no podemos huir para siempre de lo que pasa a nuestro alrededor, y eso sería algo que no descubriría sino hasta varios años después… La paz no es eterna, y en algún momento alguien más se cruzara en tu camino…